Qué fácil es

Hoy quiero escribir sobre un tema que me parece un poco extraño: lo fácil que parece ser feliz, y sin embargo, cómo lo complicamos a veces…No sé…quizás estoy equivocado y ser feliz es súper difícil, pero a mí siempre me ha parecido bastante fácil. Supongo que mucha gente asociará la felicidad con tener suerte en la vida: medios materiales, entornos amorosos y cómodos, buena salud…Sin embargo, yo creo que tiene más que ver con aspectos subjetivos y de enfoque interior.
Pienso que todas las personas podemos ser bastante felices, con independencia de nuestras circunstancias personales. De hecho, conozco muchas personas “super afortunadas” desde el punto de vista material humano (con dinero, posición social, belleza física, salud, etc.) que son tremendamente infelices, y al revés!.
Por tanto, sería interesante encontrar aquello que nos permita ser felices en este mundo. Pues bien, yo creo que una buena parte de esa felicidad viene de dentro de uno mismo. De luchar por reducir al máximo nuestros defectos, que se pueden agrupar en forma de pecados capitales que todos tenemos: ira, gula, soberbia, lujuria, pereza, avaricia y envidia…
Al final del día, si lo pensamos un poco, nuestras relaciones se estropean fundamentalmente por el egoísmo de pensar siempre primero en nosotros mismos, y por la soberbia que, como cuenta el chiste, haría que hiciéramos el mejor negocio del mundo comprándonos por lo que valemos y vendiéndonos por lo que pensamos que valemos…
Este asunto de la felicidad tiene especialísima relevancia en el matrimonio, lugar por excelencia de relaciones humanas profundas. Aquí se pone a prueba lo que digo, y es curioso constatar cómo cambia ver matrimonios felices, donde el egoísmo está poco presente, y matrimonios menos felices o infelices del todo, donde el egoísmo es patente…
¡Así, que, ánimo, que se puede ser feliz! ¡¡Y desde luego, se puede intentar, que ya es una forma de empezar a serlo!!