Recién casados y el fuego

Hace unos días se ha casado mi hijo pequeño (que no el último soltero), en una ceremonia que me ha resultado muy emocionante, como supongo es normal. Pero mientras las emociones y los pensamientos se agolpaban en mi interior, pensaba también en las parejas que trato, y que básicamente tienen problemas serios de relación. ¿Cómo es posible que una situación como la vivida por mi hijo recientemente, de entrega total, radical, alegre, ilusionante, etc. se pueda marchitar?

Creo que una buena posible explicación tiene que ver con el orden, con la jerarquía de los valores que no sólo se dice tener, sino que se viven! Seguro que se han escrito maravillosas cosas sobre este tema, pero a mí me sirve mucho el símil del fuego. Un buen fuego se hace empezando con cosas pequeñas que arden fácilmente…y se va aumentando el tipo de combustible que se va poniendo: ramas y hojas, pequeños troncos, troncos gordos…, hasta que se hace una brasa gorda y fuerte, duradera, que da mucho calor.

Pues algo parecido pasa con un buen matrimonio. Empieza en el noviazgo, va desarrollándose paulatinamente, ordenadamente (respetando la naturaleza de esa relación particular que es diferente del matrimonio); luego viene el fuego grande, vistoso, que parece que no se podrá apagar nunca, pero poco a poco se van consumiendo los troncos…, y aquí se ve si el fuego estaba bien ordenado o no: o se apaga o se queda esa brasa que quema y da calor…

Yo quiero abogar a favor de tantos y tantos matrimonios que conozco tipo “brasa”. ¡Claramente se puede llegar a una relación maravillosa de unión, complicidad, respeto y conocimiento recíproco, en definitiva, de AMOR verdadero! ¡Ánimo a los jóvenes que empiezan! ¡Se puede!

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